Me gusto ser parte de tu vida,
me gusto ser dueña de tus noches,
compartir contigo tus manias,
me gusto que me besaras...
Me gustaron todos tus detalles,
y esa forma tonta en que decias,
como tu no iba quererme nadie,
como yo nadie te entenderia...
Pero no me tiembla,
el pulso si te veo,
y me imagino ya durmiendo sola..
¿Por qué no me duele este vacio que dejas,
en este amanecer del largas horas?
Del amante a amor, al amigo, amor,
se me fue el amor, se me consumió,
y yo que declaré la guerra a quien...
nos separaba...
Y te pido aun que me perdones,
por fallarte cuando no debia,
por no estar en fecha señaladas,
por marcharme cuando me...
frente a frente, y roto sin remedio,
y te veo mas guap que hace tiempo,
mira yo no quiero equivocarme,
tampoco seguir esta mentira...
Estoy en el último vagón del tren, viajo con la clase olvidada, con los que acaban de subir y están desconcertados, junto con los que no saben si hicieron bien o mal, pero subieron. Subieron por no quedarse en Tierra, porque querían cambiar de ciudad, quién sabe si de pais. Ni siquiera formo parte de la parte turista. Estoy reuniendo fuerzas, porque los palos a veces son muy fuertes, me pasó mala factura no pedir nunca nada y darlo todo a cambio. Ahora sé en qué fallé y estoy en el vagón, perdida reordenando mi vida. No confio en nadie, ni en quien intenta seducirme, se equivoca conmigo, ya no valen, así que no me pidas más y termina con el absurdo juego, yo no pienso volver a tirar los dados contigo. Demasiada decepción en tan poco tiempo. Pero no importa. No podrán conmigo, no esta vez. Me haré fuerte y sorprenderé a todos, lamentaran haberme traicionado porque no volverán a recuperarme. Me cansé de castillos en el aire, y de falsas esperanzas. Ahora tengo los pies bien puestos en la Tierra, y me estoy protegiendo.
De ese modo voy a ir avanzando del último vagón en el que me hallo, poco a poco, sin prisa, aprendiendo de lo que veo, hasta llegar al primero, en la zona privilegiada. Y de allí no va a moverme nadie.
Voy a llegar, a mi tiempo, pero llegaré, lástima de aquellos que quieran echarme del tren, pues van a verse muy frustrados.
Ya dije una vez que siempre vuelvo... y aquí estoy de nuevo. No tengo idea de quién me lee este blog puesto que si lo hacen, no dejan constancia de ello, quizás ya nadie lo haga... aun así me seguiré pasando por aquí de vez en cuando. Ya me dijeron que siempre escribo cosas tristes, aunque yo pienso más que son cosas abstractas, la carga emocional, ya va siendo secundaria.
Todo me parece raro en estos momentos. Tomé hace días una decisión que estaba creciendo en mi interior, y actúo en consecuencia a ello. No me arrepiento y no me siento tan mal como esperaba. Aunque parece como por efecto inductivo, pero cuando algo cambia, o algo empieza a ir mal, nunca es un hecho aislado. O quizás eres más consciente de que no es lo único que falla.
El caso es seguir caminando, seguir en pie... aunque sea a una velocidad casi imperceptible. Yo ahora me encuentro en el camino, no sé muy bien en cuál, pero allá voy. Un poco en soledad, todo hay que decirlo, y aunque me acompañen los ánimos y el cariño de mucha gente... a la práctica el sendero se presenta frío y sin compañía. No me asusta. Creí que me daría mucho más miedo, pero tengo el valor que se precisa, y creo que es por supervivencia. Supongo que ya aprendí eso de que la vida no espera por nada ni nadie, y no me quiero quedar atrás.
Un amigo me dijo que la vida nos guarda momentos inolvidables, pero si no "vivimos", si nos bajamos de este tren, no los conoceremos. No quiero vivir por inercia, no quiero apartarme y aislarme. Al menos aun no. En realidad, este cambio me ha dado el aliento para seguir, aunque solo sea por la curiosidad de lo que pasará después. Imaginar cómo será todo, es inútil si luego no lo experimento.
Puede que a veces pinte duro, pero merece la pena...
-No, no me bajo en esta estación aun, ¿y tú?
Como siempre no sé muy bien qué me empuja a escribir, pero aquí estoy, delante de un folio digital gritando en silencio. Estoy triste. O puede que no sea tristeza, no lo sé. El tiempo pasa y me encuentro en el medio del camino. Me arrepiento de cosas que hice y dije ayer y no sé qué decir ni cómo afrontar el mañana, el hoy se encuentra paralizado. Las obligaciones diarias, las responsabilidades, los deberes me ayudan a alejarme. A desconectar. Hoy no quiero salir de estas cuatro paredes que ahora me protegen del frío de fuera. Aunque esa sensación ya la tengo dentro de mí. Siento la contradicción de querer hablar con alguien y a la vez, no abrir la boca. Necesito un largo paseo, pero no quiero salir. Quizás espero algo, “señales” en las que no creo, pero me ayudan a quitarle esa parte molesta de tomar decisiones. Necesito tiempo… soledad.
¿Por qué siempre el tren llega con retraso? ¿Por qué cuando lo espero pasa de largo y cuando decido ir tranquilamente andando cueste lo que cueste, se para y parece que se ríe de mí invitándome a subir? Ya no entiendo nada. Y si yo no me entiendo, no puedo pretender que nadie lo haga. Aunque hace tiempo que me da igual. Una persona que va…. Una mentira que viene… Un pasado que golpea con fuerza… Un futuro desconocido… Una carta… Sentimientos…
A pesar de todo sonrío, intento esconder el miedo… “…si tengo mi Universo es porque lo necesito, todos somos héroes en busca de auxilio. Al menos si pierdo… lo diré bajito…”. Aparentar algo que no siento. Abrazar la superficialidad como si fuera la mayor de mis amigas, pero lo único que me sale es una mezcla que nadie se merece. No he venido para eso. Y prefiero quedarme aquí. No quiero que nadie vea ni reflejos de mi vida interior. Tengo fortaleza. Sé sobrevivir, sé adaptarme… pero todo ese mundo, ese castillo en el aire, se hace mierda en soledad. Cuando me observo en mi propio espejo. Y sólo veo lo que en realidad soy. Me exijo tanto que no me permito un respiro. Y necesito desconectar.
“…prefiero vivir así, perdido en mi realidad, dejando pasar el tiempo…”
Un día se levantó sin ganas de más. Se acabó, se dijo. Buscaba en su interior y no encontraba nada, se había ido tal vez para siempre. Se culpaba, ¿cómo podía haber sido? Sin embargo, un día dejo de sentir, posiblemente el día más triste de su vida. Aunque de eso se daría cuenta años después. “Es lo mejor”. Se consolaba, había cedido su lugar casi voluntariamente. Pensaba a menudo que casi le habían obligado a hacerlo. No era su mundo, aunque se había acostumbrado a él. Vio como una sombra negra sobrevolaba su estabilidad, la vio venir y no hizo nada. No se preocupó puesto que no era la primera vez que sucedía, sin embargo, en esta ocasión y desde el principio sintió algo extraño. A años luz de ver nada claro, algo le atravesó el pecho. No sabía qué hacer, y lo dejó estar. Confió en que se iría y todo volvería a la normalidad, pero no fue así. Los días dejaron de ser soleados, llovía demasiado y cada vez más, se habían vuelto demasiado negros. Había perdido el control sobre todo. Esta vez no quiso hablar con nadie, no quiso pedir ayuda, no quiso recuperar nada. Era como si dicha sombra viniera a decirle que esta vez, si que era el principio del fin, y que no podría hacer nada por evitarlo. Todo se derrumbaría, alteraría su orden natural. Nada sería como lo conocía, como lo había vivido desde entonces. Y se echó a llorar como un niño añorando un tiempo pasado, un presente mejor. Desconocía lo que haría ahora, en lo que se convertiría su vida. Sintió miedo, pánico de la soledad. No tenía ganas de luchar, lo único que le salían eran lágrimas de impotencia. ¿Cómo se puede estar viendo el fin y no ser capaz de evitarlo? Su mundo había cambiado, su ambiente, su alrededor… nada fue igual.
Lo último que se supo es que prefirió la distancia y eligió el olvido para siempre encerrando con llave los recuerdos de un tiempo mejor.
Qué curioso lo frágil que resulta todo… Todo lo que tienes en tu mano en un segundo se puede escapar aun en menos tiempo. Sin poder hacer nada. Lástima… porque nos creemos con el control sobre todo, y no manejamos ni nuestra propia vida. A veces, es sólo cuestión de instinto. No me agrada ese pensamiento, sin embargo sé que no puedo evitar que sea así. El ser humano no se conforma. Siempre irá buscando más, y pondrá en peligro su estabilidad por renovarse. Estar quieto, cansa.
Me gustaría adentrarme en algunas mentes que me parecen interesantes, por cuestión de minutos; y encadenar las ideas que ellos encadenan, llegar a las conclusiones que ellos llegan… saber qué es lo que les lleva a hacer tal o cual cosa. Bueno, es normal en mí, lo que no entiendo trato de comprenderlo sea como sea, nunca dejo de buscar respuestas. Me parece fascinante el ser humano, y los caminos que toma para vivir. Me gustaría basar mi vida en la observación, porque (ignoro si tendrá algún fundamento histórico-filosófico) pienso que se puede aprender mucho. (Me encantaría que me guiasen en todo esto para llegar mucho más lejos). Aunque también puedo morirme de hambre. ¡Qué asco de realidad!
Ahora, por mi cabeza dan vueltas muchas cosas… cosas que no tienen nada que ver unas con otras, pero aún así me atrevo a escribirlas. Tengo millones de preguntas que hacer, y no por morbo o por puro intrusismo. Sino por curiosidad para entender mejor, para seguir formándome la idea de las diferentes personalidades que conozco.
¿Por qué actuamos a veces de manera incomprensible? Supongo que tiene mucho que ver con las ideas arraigadas de una sociedad sobre el bien y el mal. Pero, para uno mismo, ¿dónde está el límite? Se pueden hacer cosas políticamente incorrectas, pero si está satisfecho con uno mismo, ¿qué más da el resto? Sin embargo, creo que en esa decisión entran en juego muchos factores. Y entre ellos, la maldita consecuencia. Algo está bien, si te hace sentir bien…sin hacer daño a nadie (¡Ay! Amigo mío… sólo tú encuentras leña. Entramos en terreno poco agradable). Personalmente, para mí ese es el verdadero límite, el daño a terceros. Pero me gustaría saber, pues sólo tengo sed de aprendizaje, ¿dónde está para otros? Repito, que me encantaría saberlo.
Cuando se hace daño… ¿se puede vivir con la culpabilidad en las espaldas? ¿Se puede ignorar cuando se vuelve molesta? Para mí el primer fallo de todos es la sinceridad. No somos sinceros, y lo más triste de todo es que ni con nosotros mismos. ¿Se puede vivir de mentiras? ¿De personajes que creamos y no se enfrentan a su propio espejo por miedo a lo que puedan encontrarse, por miedo a no gustarse? Es mejor “apagar” la mente, mirar hacia otro lado y seguir caminando. Algún día pasará. ¿Qué triste, no?
No hace mucho leí en mi correo un e-mail, de alguien que afirmaba que le repugnaba ese tipo de personas que pudiendo hacer mil cosas, dejan pasar la vida, mientras otros sufren la frustración de no poder. Me hizo gracia, no porque no esté de acuerdo con esas palabras. Sino, por el hecho de juzgar sin parar en seco y mirarse uno mismo. ¡Qué fácil es juzgar! Terminamos llegando a esa conclusión que llegan todos los estudiantes cuando estudian ciertas asignaturas o todo aquel que se para a pensar cualquier cosa… “Todo es relativo”. Absolutamente todo… No existen reglas generales para nada, porque cada cual las adapta como cree oportuno en base a sus necesidades.
¡Bah! No sé si esto le interesa a nadie, pero como a mí sí, mientras otros “viven” ajenos yo seguiré dándole vueltas, a ver a qué conclusiones llego.
¿Quién dice que los viajes familiares son gratificantes y unen a sus miembros? Mi familia no es que sea muy grande (tal vez ese es el problema), pero yo puedo asegurar que nada que ver. Viajar con la familia es un martirio absoluto. ¡Menudo estrés se genera con los preparativos! Será que yo me relajo demasiado y lo dejo todo para el final… pero en mi casa se vuelven insoportables, y meten presión para cualquier cosa… Por no hablar de esos imprevistos que terminan creando problemas donde no los hay… Hacen una montaña de un grano de arena. Yo no lo aguanto… ya leí por ahí que después de estas vacaciones, necesitamos tiempo para descansar de las propias vacaciones. ¡Qué razón tienen!
…sálvenme!!!!!!
Volver… siempre vuelvo. Pero aun no me acostumbro a esta sensación de estar a medio camino, de formar parte de dos mundos. En los dos sitios soy yo y a la vez en cada sitio tengo algo diferente. Estar lejos de lo que siempre ha sido mi mundo, me da la libertad de ser quien yo quiera, de empezar desde cero; pero el “empezar” requiere el tiempo de encontrarse a uno mismo, con lo cual no puedo esperar a tener lo mismo. Mi “nuevo mundo”, me gusta, no lo niego… me atrae esa libertad de la que dispongo, la uso para tomar aire y a veces, para huir. Aun así, algo falla. Es incompleto el viaje porque no me acompañan quienes me conocen de verdad. No le temo a la distancia, pero deseo volver, porque aprendí a valorar lo que tenía y aun sé que no he podido demostrarlo.
Es impresionante sentir que cuando vuelvo, me reciben igual, como si el tiempo no hubiese pasado. El caso es que el tiempo sí pasa e inevitablemente nos cambia. ¿Qué llegaría a pasar si fuera igual que hace varios años? (No quiero pensarlo). Por mucho que me guste la soledad, estos últimos años aprendí que uno no puede vivir solo, por lo menos no puede pretender ser feliz estándolo. Da igual dónde estés, cómo estés y cuánto tengas. Si todo eso no puedes compartirlo, no sirve para nada, por lo menos es mi humilde opinión. Evidentemente cada cual tiene su historia, y la mía es inexplicable sin mencionar a mis amigos, más que a mi familia (esa toca irremediablemente y cruza los dedos). Sé que es un tema típico sobre el que escribir, que muchos dicen que “amigos para siempre” y luego quedan pocos. Yo no escribo para decirles que los quiero mucho, eso ya se lo digo cuando tengo ocasión y lo siento. Escribo esto para decirles que sé que no siempre lo hago bien, pero que los necesito. Que los errores forman parte del vivir, del crecer juntos. Que las peleas son necesarias como los ratos de risa. Y que siempre queda esperanza para arreglar cualquier redencilla, la unión es mayor.
Soñar, hacer planes juntos, disfrutar de la vida… vivir al fin y al cabo. Me gusta pararme a reflexionar lo que significan en mi vida esas personas que yo elegí, que la naturaleza no me impuso. Porque sé que hubo un momento en el que mi camino estaba poblado de personas que afirmaban ser mis compañeros de viaje, pero en el fondo yo sentía que sólo estaban de paso, que sólo eran circunstanciales. No puedo, ahora, ponerles un calificativo que sólo reservo para lo que es puro y de verdad, para lo que ha llegado a conmoverme.
Soy de las personas que se pierde habitualmente, un espíritu demasiado libre al que no le gusta que le corten las alas ni en la realidad ni en la fantasía. Puede parecer que no estoy, que me he ido… pero siempre estoy cerca. Más cerca de lo que creen. Más accesible de lo que parece. Sólo hay que tener paciencia en determinados momentos y saber entenderme.
Soy pura complicación, no lo niego… y sé que algunos no me entienden, pero sí se esfuerzan en hacerlo, aunque no lo consigan. Eso me consuela, me anima, me une a ellos. No es fácil tratarme, pero algo bueno he de aportar para recibir tanto como recibo… Siempre pido tiempo, seguid concediéndomelo porque yo seguiré luchando por lo que creo con la misma pasión y entrega, incluso, más. Porque aun tengo mucho que dar. Ahora es mi turno…
…solo espero estar a la altura de lo que vosotros os mereceis…
Mil Gracias
¿Por qué a veces nos avergonzamos de lo que sentimos y deseamos? ¿Por qué tenemos tanto pudor? Es lo que nos impide ser libres. ¡Qué triste! Me encantan los días en los que no tengo complejos ni problemas en expresar cómo me siento, y la gente se asusta, se ruboriza, se siente avergonzada. Yo, a veces, no escondo qué me gustaría ser, hacer o sentir, aunque no puedo decir que siempre lo haga; pero cuando lo hago no me arrepiento, me arrepiento más de que me vuelva luego a convertir en pura timidez. Somos humanos, y tengo la seguridad de que mucho de los deseos que callamos son parecidos (por no decir iguales) a los que tienen personas que no estás a nuestro lado y que nisiquiera imaginamos. “A este mundo le hacen falta más chalaos y menos cuerdos que recuerden “normas del saber estar”. Yo animaría a que por un día, no pensáramos en dichas reglas, en lo que pensaran los demás, etc, etc… y nos liberáramos de toda culpabilidad. Este mundo, seguro, que sería completamente diferente.
…y no sabes qué decirme. Cuentas que todo va bien, que nada ha cambiado, y yo lo noto todo diferente, desordenado. Nada es lo que era, solo quedan pequeños reflejos que nos recuerdan qué fuimos. Hemos evolucionado, madurado con lo que nos ha tocado y hemos elegido vivir. Y el río sigue su cauce como el peregrino su camino, sin vuelta atrás… o eso dicen. Me gustaría adaptarme tan bien como tú, pero tardo en reaccionar, los cambios me bloquean, tengo que entenderlos. Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo? Tal vez todo haya sido puro egoísmo, y lo que para mí era bueno, no lo era para el resto. Y, como siempre, elijo irme lejos, ubicarme dentro del desorden en soledad; y volver cuando veas que todo va bien, cuando no me veas sufrir y quedarme atrás. Odio ver cómo se pierde lo que antes era tan nuestro, cómo muere lentamente después de tantos esfuerzos por mantenerlo. Hasta que un día dices, “no puedo más, esto no lleva a ninguna parte”. Y los nostálgicos como yo, nos quedamos atrapados en el pasado lamentando que el presente ya no sea como entonces. Asumo mi error, pero me culpo más que por haberlo cometido, por no saber rectificar a tiempo. Porque llevo las cosas al límite. Entonces, me dejo arrastrar, pierdo el control sobre mí y dejo que las circunstancias me obliguen a elegir un camino. Y día me vuelvo a levantar con la sensación de que tengo que cambiar y retomar el poder sobre mí, pero siempre, ese momento llega con mucho retraso…
Corro en otra dirección, siempre a contracorriente… no entiendo qué hace a mi lado. Cómo puede seguir ahí después de todo. ¿Por qué no lo acepto? Hay cosas que jamás saldrán de mi boca para llegar a sus oídos, es un quiero y (no sé por qué) no puedo constante. Yo soy mi propia limitación… tristemente lo sé. Pero no puedo salir de estas cuatro paredes e ir en su busca con ánimo y decisión, porque no puedo ofrecer un “mundo feliz”. Hice un pacto con Hades y no puedo dejar que venga conmigo. Y se empeña en venir, en acompañarme al inframundo. Me acostumbré a la soledad de viajar sin compañía y no sé mostrar los rincones de mi parte más oscura. Lo peor es ser consciente de que puedo perder, que puede irse… No quiero ser egoísta, no quiero dar la imagen de estar en mitad de una partida de un delicado juego, el juego de las emociones humanas. Ojala pudiera ser yo quien me fuera sin hacer ruido, sin consecuencias, sin provocar daño… Es que no tengo tan siquiera el valor de dejar que vuele libre.
No more tears, no pain, no cry…
Take my hand,
come with me,
call my name,
smile with me…
Un día mi mano significó ofrecer el Universo, ¿qué queda hoy de aquello? Creí ganar en aquel momento, jamás un sencillo gesto significó tanto. Desde entonces se convirtió en un símbolo, en el símbolo de una gran amistad, de una unión. Mi mano significaba apoyo, comprensión, incluso protección. Yo, a veces, no entendía muy bien cómo algo tan simple tenía tanto efecto en otra persona. Al principio, me asustaba la idea de “tener el poder” de hacer sentir bien a alguien… pero luego me gustó, la sensación me llenaba. Llegó un momento en el que sobraban las palabras, las miradas… sólo tomar la mano trasmitía todo aquello que yo quería. Daba igual cuánta gente estuviera alrededor, la fortaleza se palpaba en el ambiente. Tardé en aprender a valorarlo y después de lo sucedido este tiempo, espero que el simple hecho de tomar su mano siga manteniendo la misma emoción que al principio. Porque, a fin de cuentas sigo queriendo ofrecerle mi pequeño Universo.
Era un mundo feliz, no había leyes ni reglas que nos impidieran imaginar un mundo mejor. Todo era inocencia, el despertar de la vida, la sorpresa constante de descubrir el mundo. Tú eras conmigo y yo era contigo. ¡Daba igual lo que pensaran! Nos movíamos en una realidad que no intentábamos comprender, a la que le sacábamos el mayor partido sin preocupaciones. Jamás pensamos en las consecuencias, y a todo le sacábamos la parte más positiva. No había enfados transcendentales, palabras hirientes o tristezas.
Hoy me arrepiento de lo que dejé que se quedara en el pasado. Nuestro orgullo, el miedo a no encontrar en el otro una respuesta nos fue alejando… Y es una sensación que a lo largo de mi vida se ha ido repitiendo con otras personas, pero contigo en especial fue un daño mayor. Tengo la espina clavada de que podía haber hecho algo más. No sé exactamente en que momento te perdí y aprendí a vivir sin nuestra amistad. Crecimos creyendo que no nos necesitábamos, hoy no sé si te acuerdas de mi siquiera, al menos no como a mi me gustaría. Pero es de idiotas presuponer, no estoy en tu cabeza.
Me pregunto si algún día la vida nos volverá a unir. Aunque también pienso que hay un momento para todo, y tal vez el nuestro pasó. Todo ya es tan superficial que me desanima a la hora de volver a acercarme a ti.
Me gustaría que nos sentáramos a hablar un día, aunque sea de la lluvia, pero que fuera con tiempo, con tiempo de “reencontrarnos”… ¿quién sabe? Tal vez un día tú también me eches de menos y volvamos a recordar juntos aquel mundo que los dos inventamos.
…volveré a hacerte daño y querrás irte para siempre. Eso me da miedo, pero no sé cómo evitarlo. Tal vez sea el destino, y no podamos hacer nada. En un instante vuelvo a pensar, a sentir que te atreverás a renunciar a mí y ya no podré recuperarte. Ahora me hablas con dureza, noto tu resentimiento... Me impones "castigos", nuevos comportamientos para no dejarme pasar ni una. Noto que te voy perdiendo poco a poco, y hasta llego a creer que tú eres algo consciente de ello. Sé que ya te puede el cansancio... Pero, ¡seamos justos! no sólo es culpa mía y no quiero asumir toda la responsabilidad de este deterioro.
Me duele ser yo quién provoque tu tristeza, odiaba escucharte llorar... pero tú fragilidad me conmovía, me enternecía ver que no escondías tus sentimientos. Aunque a veces notara esa presión que ejercías sobre mí, me fortalecía y me ablandaba tu franqueza, tu lucha por mí... por algo que siempre ha querido mostrar una ida y venida, pero en realidad no se ha movido un instante de tu lado. Parece que estás cerrando esa puerta que siempre estuvo abierta, quizás sólo te proteges. Es normal, yo no he sabido hacerlo bien contigo. Nuestros desencuentros antes guardaban un hilo de esperanza... Ahora todo se ha endurecido, estamos sin estar, nos entregamos a medias, nos amamos con cuidado de no traspasar la fina línea de la fragilidad humana. Te estás cansando de darte a mí, y yo ahora, no sé llegarte. No saco lectura de tus ojos, no me das esperanza.
Me gustaba soñar contigo... ahora, poco a poco, me muestras realidad... Me haces sentir que no necesitas de mí la dosis habitual, cada vez vas tomando menos... y llegará el momento en el que te hayas desenganchado para no recaer jamás. Y yo, que jamás te confesé mi adicción, llegaré tarde a darme cuenta que sin mi droga, no puedo vivir...